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I just came to say HELLO!

Primero me dispongo a darles a todos la bienvenida a este espacio. En este espacio pretendo exponer de forma sencilla y clara temas ...

martes, 2 de enero de 2018

2018, se bueno conmigo.




Antes que nada quiero desear un año nuevo lleno de crecimiento, prosperidad, salud y energía para conseguir todos vuestros propósitos. 


Ahora que eso está dicho y hoy, que ya es día 2. Se han acabado las vacaciones, y volvemos a la rutina podrías pensar que aquello de "New year new me" se te hace algo pesado. O no, sólo han pasado dos días estás ilusionado/a y con ganas de comerte el año pero tienes dudas de como mantener la actitud positiva durante todo el año. 

Uno de los errores más comunes a la hora de realizar cambios en nuestras vidas o en la forma en la que la percibimos es culpar de los errores y de aquello que no nos gusta a terceros (a otras personas o incluso al destino), pero nos hacemos los únicos responsables de nuestros aciertos, de aquello que nos ha salido bien. Esto se conoce como "locus de control" y se refiere a la percepción de cada persona de en dónde se encuentran los agentes causantes de los acontecimientos de la vida cotidiana. En otras palabras, a quién hacemos responsable de las cosas que nos pasan cada día. 

Cuando el locus de control es interno tenemos la percepción de que todo lo que ocurre es causa de nuestras acciones, es decir, se tiene la percepción de que controlamos nuestra vida. Y valoramos los resultados como positivos. Por otra parte, cuando el locus de control es externo se tiene la percepción de que no tienes control sobre lo que pasa en tu vida. El locus de control externo suele aparecer ante acontecimientos negativos en los que no hemos sido capaces de conseguir el objetivo que buscábamos o no nos han salido las cosas cómo esperábamos.  

Tanto tecnicismo es para explicar que lo que tiene que ser bueno contigo este año, no es el 2018. Eres tu mismo. No hay una mejor manera de aprender que haciéndote responsable de lo bueno y de lo malo. Que este año sea un año de análisis, ya que las cosas no se cambian sino sabemos qué tenemos que cambiar. No podemos mejorar, sin saber qué es lo que está mal. 

Así que, si te despertaste hoy con los mismos problemas del año pasado, porque seamos realistas, aunque cambie el año los problemas no desaparecen como si nunca hubiesen existido, da dos pasos atrás y mira tus problemas de lejos, cambia la perspectiva. Coge el control también de tus problemas, de tus errores, aprende de ellos y busca la solución. 







domingo, 12 de noviembre de 2017

Déjame ir, pero quédate conmigo.

Encontrar cosas como está y darte cuenta lo lejos que has llegado, lo mucho que has avanzado. Cuando dicen que el tiempo todo lo cura, no te lo crees y esperas a que algo pase. Por experiencia tengo que decir que el tiempo no hace nada si no pones de tu parte. Las cosas no desaparecen porque mires a otro lado y decidas enterrarlo. El cambio hay que buscarlo. 

Hace unos años, estaba rota. No me sentía merecedora de ser querida y no creía que nadie me merecía a mi. Era una situación extraña, donde el miedo a ser herida se había abierto camino en mi vida y me había dejado, de alguna manera, expuesta a una espiral de autodestrucción. En la que no parecía importarme herir a otros, con tal de no salir herida yo. 

Un día, me dí cuenta de lo que pasaba, de cómo me sentía y de lo que estaba haciendo con quienes se encontraban  a mi alrededor. Una discusión tonta con un amigo, me llevó a mirar más allá y a escribir esto: 




Sabía que estabas enamorado de mi. Aunque esperaba que no fuera más que un capricho. Nunca me ha importado ya que siempre me he negado a la idea.  He borrado y sacado de mi mente hasta el más mínimo pensamiento de quererte, de entregarme a ti. Me repito mil veces "No estoy enamorada de él", "No me gusta", "Es demasiado bueno para mi".

Pero me duele, me hace daño.

Soy egoísta.
Quiero que me quieras, pero no quiero quererte.
El simple hecho de pensar en abrirte mi corazón me agita.
Supongo, que sigo rota por experiencias del pasado. Que no estoy lista para volver a entregarme. Pensar en el daño que me haces sin estar juntos e imaginar en el daño que podrías hacerme si me entrego, me mata.



Pero tu. Sí, tu!
Me dices que me amas.
Así, sin más. De repente, de la nada. Tan fresco.
Como si de darme los buenos días se tratara.
Y yo aquí, negando lo evidente, girando la cabeza, mirando a otro lado. Rompiéndome por dentro, luchando con mis demonios que insisten en proyectarme el pasado una y otra vez a la primera de cambio.

No quiero quererte pero te has convertido en una droga. Que me sacia. Que me llena. Desencadenando reacciones químicas en mi cerebro, haciéndome adicta.
Dependiente.

Y yo, me niego, me resisto.
Me alejo, me duele. Me acerco, me duele.
Ni contigo ni sin ti.
No puedo.
No puedo quererte. No quiero quererte!

Te has metido a la fuerza en mi vida.
No sé como escapar de ti.
Déjame ir, pero quédate conmigo.
Quédate en la sombra. Cuídame en silencio.
Dame lo que necesito, pero no pidas nada a cambio. No tengo nada que dar.
No me odies porque no te pueda amar.

Ámame despacio, sin prisas, poquito a poco.
Ayúdame a curar, a cerrar viejas heridas del pasado.
No me exijas que te ame, no me pidas que te quiera pero, no me dejes todavía.

No me ames. No puedo vivir sabiendo que me amas y no puedes ser correspondido, no hay nada peor. Pero es todo lo que puedo darte.

No estoy lista para el amor. Y no sé si estas listo para mi, pero sé que sigo rota.
Desplomándome, desarmándome, deshaciéndome por dentro y que me ames me duele y no es suficiente pegamento.


                                                                                      Hoy no tengo miedo. 
                                                                                                      Paola Báez.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Si no ha sido tu día, tu semana, tu mes o incluso tu año.


Supongo que llega un momento en la vida de cada persona en la que hay que dejar el pasado atrás y dejar ir todo aquello que te mantiene atado y no te permite avanzar. 

Recordar es volver a pasar por el corazón.
Olvidar, no.

Los recuerdos nos ayudan. Son consejeros que llevamos con nosotros en todo momento. Están ahí para  que recordemos nuestros errores y ayudarnos a no repetirlos. Nos permiten gozar de una nueva oportunidad para volverlo a intentar. Que no haya salido bien una vez no quiere decir que no debamos saltar y volver a arriesgarnos.

Dejar el pasado atrás no quiere decir olvidar, quiere decir vivir en paz con tu pasado y quedarte con lo aprendido. Quiere decir perdonar y nunca debe confundirse con olvidar. Si te acercas al futuro con rencores del pasado es más difícil avanzar. Caminas con una carga, una mochila de sentimientos negativos que entorpecen tu viaje y no te dejan apreciar la belleza del camino.

En ese momento en que logras sacarte la mochila y liberarte de la carga ves la vida con otros ojos. Cuando abres una nueva puerta entras con nuevos conocimientos, entras a ella más sabio, más sereno. Disfrutas de los detalles y puedes concentrarte en el destino. Es entonces, cuando nos damos cuenta lo anclados en el pasado que estábamos y lo poco que hemos avanzado al estar más pendiente de mirar atrás que de mirar hacia el futuro al que estamos destinados. 

Pero claro, puedo entenderlo. Nos podemos ver forzados a seguir avanzando con el ego, la autoestima y el corazón hundidos. Normal que nos quedemos anclados, esperando. Esperando nuestro momento, el momento en el que volvemos a estar contentos, en el momento que volvemos "de entre los muertos", de las cenizas de nuestro ego, sin saber que ese momento nunca llega. Hay que saber buscarlo. Y está ahí, esperándonos. 

Esperando a que nos liberemos de la carga que nos retrasa, que nos ralentiza. Esperando para guiarnos a ese nuevo lugar, lejos del pasado, alejado del dolor. 

Por eso, quítate la mochila! y corre a abrazar el futuro que te ha estado esperando.

Es hora de dejar el pasado atrás y abrir las puertas al cambio, ahora que has aprendido, ahora que eres más sabio. 

lunes, 30 de octubre de 2017

Sobre el acoso sexual. Opinión personal.



Estaba como cada día perdiendo un poco de tiempo en Facebook cuando me cruce exactamente con dos entradas de dos amigos diferentes. 

En la primera, una amiga hablaba sobre situaciones de acoso que había tenido que soportar caminando por las calles de una ciudad europea (no digamos nombres propios). El sentimiento de impotencia que sentía al verse en este tipo de situaciones y ser la persona con más cerebro de la situación (valga la redundancia) en las que antes que bajarse al nivel de estos personajes, decidió dar respuestas diplomáticas, ignorarles o irse a llorar a casa. Con miedo, angustia y rabia. 

Sin quererlo, me puse en su lugar y aunque no soy de esas a las que les importa estos tipos de comentarios porque los considero provenientes de una raza inferior a la que supero tanto en inteligencia como en maldad y sangre fría, pues la verdad entiendo a todas las chicas y chicos (que los hay) a los que este tipo de actos de falta de educación y de respeto hacia otra persona puedan afectarle DE CUALQUIER MANERA. Así que aunque a mi no me importe, soy una fiel luchadora en este tipo de causas. 

En la segunda, y aquí ya si que no entiendo nada de como esta repartido el mundo, otro amigo (de hace bastante tiempo atrás) al que aún hoy considero una persona inteligente, respetuoso y educado, no acertó demasiado al subir una opinión sobre una publicación hecha por una figura pública del otro lado del Atlántico. En esta, la figura pública habla de como el acoso en ese lugar se ha convertido en una clase de postgrado a superar para ser alguien en la vida pública (o algo así).

Como muchísimas otras personas que conozco y que no conozco la reacción de mi amigo fue la de (de alguna manera) culpabilizar a la víctima. Tengo que decir que a pesar de este error, que a mi entender es demasiado común en todas las partes, aceptó que la falta de respeto existía. Aún así, la manera de vestir, la personalidad o incluso la decisión de algunas mujeres de hacer lo que quieran con sus cuerpos, era la CAUSA de este tipo de comportamientos. 

La verdad, es que no soy mucho de contestar publicaciones en ninguna red social, más bien suelo tirar pullas en publicaciones propias, pero me vi obligada, en tanto que es mi amigo, a exponerle mi punto de vista. Y es, más o menos, lo que vengo a dejar por aquí:

El cuerpo de la mujer y del hombre en esencia, son lo mismo. UN CUERPO.
Anatómicamente, sin embargo, son diferentes. Y tienen unas cuantas funciones que nos diferencian unos de otros, sino seriamos lombrices. Aun así, sin importar sus funciones, ambos son cuerpos. Un cuerpo que pertenece únicamente a la persona cuya mente lo controla. 

Es decir, yo Paola, me considero la única dueña de mi cuerpo y en tanto que mio, considero que lo que haga con él no le incumbe a nadie más que no sea yo misma. Que te preocupa, pues muy bien, haz cola que hay otros a los que también. 

El punto de la cuestión, que yo sea una figura pública o no, que seas mi jefe o no, que seas hombre o mujer, mi tia, mi madre, mi abuela, mi amigo o seas quién seas... me da igual, NO te da ningún derecho a opinar, hacer comentarios lascivos, tocarme o siquiera a sentirte con el derecho de hacer nada de eso. Da igual la ropa que lleve o si llevo o no ropa interior, no es problema tuyo. Si yo decidí vestirme con los pantalones más cortos que encontré y 3 tallas más pequeñas es asunto mio. 

A ti, como persona social y con opinión al fin, puede gustarte o NO. Pero de ninguna manera te da derecho a perseguirme, hacerme propuestas indecentes o pensar que la forma que visto es algún tipo de insuación sexual hacia tu persona. 

LAMENTO darte la noticia, de que NO ERES TAN IMPORTANTE

Y aunque no lo creas, las mujeres nos vestimos para nosotras... y cuando no, pues lo hacemos para llamar la atención, pero NO, NUNCA, EN NINGÚN CASO para ser acosadas. Así que si en algún momento mi forma de vestir, mi personalidad o mi comportamiento te hace pensar que TIENES algún tipo de derecho de propiedad sobre MI CUERPO, ¡pregunta! y no quedes como un enargumeno con necesidades sexuales insatisfechas. No solo por nosotras, también por ti. 

No hay alcohol, droga, forma de vestir, de caminar, de hablar o trabajo (sea cual sea) que justifique NINGÚN tipo de acoso sexual. Guárdate tus pensamientos impuros para tu casa y ya te quitas las ganas por ahí. No arruines mi noche, mi día, mi semana con "tus piropos" mal intencionados. Y si yo decido venderme por lo que sea (aunque sea una croqueta) YO DECIDO a quién venderme. Y no te quiero a ti... pues te aguantas y te vas. 

Porque NO SOY DE NADIE, MÁS QUE MÍA.    

lunes, 16 de octubre de 2017

España llora.

No he podido contenerme y evitar escribir, porque escribir me libera, me cura y me llena. Escribo con el corazón en las manos y apretando los dientes para no llorar. No por tristeza, que también, pero llorar de rabia e impotencia.

Cada año lo mismo.

Cada año nos despertamos con la imagen de nuestros bosques, nuestros campos, nuestros pueblos consumidos por las llamas. Llamas provocadas. Y a mi, que estoy de este lado de tele, mirando las noticias y leyendo los periódicos no se me ocurre otra cosa en que pensar que la persona o personas sin alama que disfrutan con el caos.

Aun así no puedo dejar de sentirme culpable, como psicóloga, al pensar de esta manera. Juzgar queda fuera de mis fronteras. Asumir y dar por hecho la maldad de estos individuos sin tomar en consideración aquello que les ha traído aquí no es una defensa.

Es en momentos cómo éste en los que me reivindico como persona, alejada de mi profesión y de mi trabajo. Me doy el lujo de poder despreciar actos como éste. En los que las excusas SIEMPRE son pocas y en los que no hay enajenación mental que valga. Porque al fin y al cabo, quitar vida es y siempre será quitar vida. Y todo acto realizado con ese fin es y siempre será despreciable.

El ser humano dentro de su megalomanía se cree todopoderoso y con la potestad de poder decidir que merece ser bueno, estar vivo y que no.

Hoy, quiero acompañar a todas esas personas que lo han perdido todo (ya sea material o personal), a aquellas personas que han perdido a alguien, a aquellas personas que no han perdido nada pero les duele ver las imágenes en la tele, a aquellas personas que no están afectadas directamente pero conocen a alguien que si, a aquellas personas que lloran por España y verla arder en llamas y a aquellas personas que luchan por devolvérnosla.

Especial agradecimiento y mención a aquellos que están luchando contra las llamas. <3

Porque hoy, si... Galicia llora. Pero Asturias y Castilla y León también lloran. 

Me atrevo a decir que hoy...

ESPAÑA LLORA.

domingo, 15 de octubre de 2017

Me quiero sin ti.


Hoy, quiero compartir con todos ustedes algo un poco más personal. Ésta no es una publicación cualquiera. Les quiero dejar un poema. Un poema que escribí hace ya un tiempo. Un poema del que estoy orgullosa y en el que plasmo la evolución que he tenido en todo este tiempo. 

A veces es difícil que te entiendan. De todas partes nos bombardean con la idea de amor romántico en la que las parejas tienen que estar muriendo el uno por el otro, sin esa otra persona no puedes vivir, no puedes respirar, no se puede ser feliz. Y yo, he entendido que no es así. 

El camino fue largo y revuelto. Con idas y venidas, subidas y bajadas, pero una vez lo consigues te das cuenta que ha valido la pena cada segundo, cada día, cada lágrima, cada conversación tarde por la noche, cada equivocación y cada sonrisa. 


Sin más preámbulo, aquí lo dejo: 

ME QUIERO SIN TI. 

"El único amor sin el que no se puede vivir es el PROPIO" -Paola Báez. 

Soy feliz teniéndote lejos, 
teniéndote cerca.

Siento calma cuando estas 
y si te ausentas.

Disfruto de cada segundo contigo,
de cada instante sin ti. 

He encontrado paz en mi presencia 
y ante tu ausencia. 

Así que no asustes si al marchar me ves feliz. 

Te quiero conmigo.

Me quiero sin ti.  


                                                                                                                               Paola Báez

martes, 10 de octubre de 2017

El estrés: un asesino no tan silencioso.

¿Tanto estrés hace daño?



El estrés es una reacción natural del cuerpo ante una situación de activación que sobrepasa los recursos adaptativos del organismo. En otras palabras, es la reacción de tu cuerpo a una carga de trabajo (físico, mental o emocional) para el cual no tiene (o cree no tener) los recursos suficientes para superarlo con éxito.

En ocasiones cierto nivel de estrés puede resultar adaptativo o incluso necesario para que nuestro organismo responda de manera adecuada a ante nuevos retos y se adapte a los cambios de la vida diaria. Piensa en una entrevista de trabajo, un nuevo empleo o una presentación frente a la clase, todas estas son situaciones en las cuales cierta cantidad de estrés (estar más alertas y tener una mayor activación mental y física) es necesario para superar de manera exitosa. A este tipo de estrés se le conoce como Eustrésestrés positivo. 

 "El estrés es la tasa de desgaste natural producido por la vida" - Hans selye.

El problema con el estrés es cuando se alquila una habitación dentro de ti, sin fecha de salida. Cuando el estrés se instala de manera permanente en nosotros provoca  cambios físicos, mentales, hormonales y funcionales que hacen que nos enfermemos.

¿Qué cambios aparecen cuando estoy estresado/a?




Estoy segura que la mayoría de nosotros sabe perfectamente qué es estar estresados. Todos nos hemos visto desbordados alguna vez por cantidades indecentes de trabajo, por situaciones familiares o de pareja que nos traen los pelos de punta, por temas económicos que nos traen de cabeza o cantidades industriales de deberes que ni despidiéndote de tu vida social podrías alcanzar a terminar. Pero nunca esta demás dar un repaso a alguno de los signos y señales que apuntan a que estamos sufriendo estrés, pueden aparecer entre otros:



  • Físicos:  contracción muscular, problemas de espalda o cuello, dolor de cabeza, malestar estomacal, fatiga, infecciones, palpitaciones y respiración agitada. 
  • Conductuales: aumento del consumo de alcohol, tabaco (etc..), risa nerviosa, llanto fácil, contracción de mandíbulas, dificultades de relaciones sociales y del habla. 
  • Emocionales: confusión, irritabilidad, miedo y ansiedad. 
  • Cognitivos (pensamientos): preocupación por el futuro, olvidos, dificultad de concentración, pensamientos repetitivos y autocrítica.

¿Qué le pasa a mi cuerpo cuando estoy estresado?


Cuando el estrés se instala de forma permanente en nosotros hace que: aumente el ritmo cardíaco, eleva la tensión arterial, moviliza las reservas energéticas del hígado y los músculos y activa las glándulas endocrinas produciendo cantidades anormales de hormonas, como adrenalina o cortisol, que dañan el sistema cardiovascular, disminuyen nuestras defensas y provocan muerte neuronal.
La mayoría de los efectos perjudiciales del estrés se deben a la liberación de elevadas cantidades de cortisol.
Todos estos cambios presentes de forma mantenida en el tiempo tienen una serie de consecuencias negativas derivadas, entre las que podemos encontrar:

  • Infartos de miocardio, apoplejías.
  • Dificultades de recuperación de heridas.
  • Mayor vulnerabilidad a la infección.
  • Pérdida de la capacidad de memoria.
  • Gastritis, diarrea, obesidad.
  • Depresión.

Entonces, ¿qué hago?


A parte de las técnicas de tratamiento psicológico que podamos seguir junto a un profesional, existen ciertas cosas que podemos poner en práctica por nuestra cuenta para ayudar a mantener el estrés a raya. A pesar de estas técnicas, si te ves en una situación que te supera o de demasiada activación la mejor opción es siempre visitar a un profesional.

Con esto dicho, las herramientas que tenemos a la mano para combatir el estrés son:



  • Técnicas de manejo del tiempo.
Priorizar: aprender a diferenciar entre lo importante y lo urgente.
Dividir las tareas en pequeñas partes.
Centrarte en realizar una única tarea a la vez.
Realizar listas de actividades diarias. Planificar las actividades que realizas cada día y diferenciarlas de aquellas extraordinarias. 
Planificar en función del tiempo que te toma realizar la tarea y no de la tarea en sí.

  • Ejercicio físico.
El sedentarismo disminuye la resistencia al estrés. Tu cuerpo cuando realizas deporte o alguna actividad física aprende a regular la respiración y las pulsaciones, por lo que actúa de manera similar ante situaciones de estrés, ayudando a disminuir el efecto nocivo del mismo.
  • Aumentar apoyo social. 
Tener un grupo de amigos en los que apoyarte es un factor protector en todas las situaciones de malestar emocional. El grupo te ayuda a hacer frente a las dificultades, motiva y da fuerzas para superarlas. 
  • Aumentar resiliencia. 
La resiliencia es un proceso que permite que las personas se adapten a las situaciones que producen estrés, utilizando estrategias de afrontamiento a la adversidad eficaces.

                                                                                         Paola Báez.